El psicoterapeuta Marino Velarde sostiene que la crisis política peruana tiene raíces más profundas que la simple corrupción. Según afirma, muchas autoridades presentan conductas que reflejan un trastorno psicológico asociado al poder.
Para el especialista, ese comportamiento evidencia un mecanismo de negación, “síntoma inherente a la psicosis”, que lleva a los líderes a ignorar “que el país se está desangrando en la pobreza y la injusticia” mientras buscan beneficios personales.
Velarde considera que este patrón patológico se ha normalizado dentro del sistema político y que las instituciones no han sabido contenerlo. “Hay una complicidad del Jurado Nacional de Elecciones”, afirma, y propone incorporar evaluaciones psicológicas y psiquiátricas entre los requisitos para ejercer cargos públicos. “Así como se pide una declaración jurada o una relación de bienes, también debería pedirse una pericia psicológica”, sugiere, al considerar que muchos funcionarios “han perdido la conciencia de realidad de lo que ocurre a su alrededor”.
Desde una lectura psicoanalítica, Velarde explica que detrás de la corrupción hay historias personales marcadas por el “rechazo, la humillación y la falta de empatía”. En su análisis, la conducta corrupta es la manifestación de “una pérdida de identidad” y de una “estructura emocional debilitada”. “La corrupción golpea la ética y la cultura porque proviene de vacíos afectivos no resueltos”, enfatiza. Por ello, propone una salida que pasa por la educación emocional y la responsabilidad ciudadana: elegir con conciencia y exigir integridad, no poder ni dádivas.


