En Trujillo, una ciudad marcada por la creciente inseguridad, los transportistas rechazaron sumarse al paro nacional convocado recientemente. Su decisión responde al rechazo de que esta medida se desnaturalice con intereses políticos ajenos a las verdaderas demandas del sector. La situación evidencia una profunda preocupación por la seguridad ciudadana y la falta de garantías para ejercer el transporte terrestre con normalidad.
La violencia y el crimen son temas centrales que afectan no solo a los conductores sino también a la población en general.
¿Por qué los transportistas se desmarcaron del paro nacional?
El dirigente Ronald Grado, vocero en la macrorregión norte, explicó que el paro dejó de centrarse en reclamos del transporte al incorporar exigencias políticas como la salida del gobierno. Al observar esta desviación, su gremio decidió retirarse del movimiento. Reafirmaron que su lucha se centra exclusivamente en conseguir condiciones dignas y seguras para operar en las rutas nacionales.
¿Qué exigencias han planteado al Congreso y al Ejecutivo?
Entre las demandas figura la declaratoria de emergencia del transporte terrestre por tres años. A esto se suma la propuesta de una nueva ley que promueva el desarrollo del sector y la eliminación de aranceles para renovar el parque automotor. Estas medidas buscan reactivar un sector golpeado por el abandono institucional y la inseguridad.
¿Qué medidas de seguridad solicitan al Ministerio del Interior?
El gremio exigió al Ministerio del Interior actuar frente al incremento de delitos en carreteras. Aunque se instalaron mesas de diálogo, los transportistas expresaron su desconfianza ante la falta de resultados. Consideran que las instituciones se culpan entre sí mientras la ciudadanía sigue expuesta. Han perdido la fe en las autoridades y piden acciones concretas en lugar de más reuniones.
¿Se avecinan nuevas protestas si no hay respuestas?
Los dirigentes advirtieron que, si no ven avances en las próximas dos semanas, iniciarán nuevas medidas de protesta. Aunque apuestan por el diálogo, no descartan volver a las calles si sus exigencias no son atendidas. La situación refleja el hartazgo de un sector clave en la economía frente a un Estado que no garantiza su seguridad.


