Miguel Grau Seminario, nacido en Piura y criado en el puerto de Paita, es una figura emblemática en la historia del Perú. Hijo del coronel colombiano nacionalizado peruano Juan Manuel Grau Berrío y de la dama piurana Luisa Seminario del Castillo, desde temprana edad mostró su vocación por el mar. A los 9 años, se embarcó como aprendiz de grumete en un buque mercante, pero su viaje inicial se vio truncado por un naufragio frente a la isla Gorgona en 1843. Sin embargo, su determinación lo llevó a continuar navegando en diversas embarcaciones durante una década, recorriendo puertos en Asia, Estados Unidos y Europa.
En 1854, Grau ingresó a la Marina de Guerra del Perú como guardiamarina, sirviendo en el vapor Rímac, el pailebot Vigilante y el vapor de ruedas Ucayali. Con el grado de alférez de fragata, participó en la revolución conservadora de Manuel Ignacio de Vivanco contra el presidente Ramón Castilla. A pesar de la derrota y su expulsión de la Armada en 1858, Grau no abandonó su pasión por el mar y volvió a la marina mercante, navegando a lo largo de las costas de Perú, Ecuador y la Polinesia.
La ley de 1861 permitió su readmisión a la Armada en 1863. Comisionado a Inglaterra para negociar la compra de unidades navales, regresó al Perú como comandante de la corbeta Unión y fue ascendido a capitán de corbeta durante el viaje de regreso. Durante la guerra hispano-sudamericana, se destacó en el combate de Abtao en 1866. En 1867, tras protestar contra la decisión del gobierno de contratar al comodoro estadounidense John R. Tucker, fue apresado y posteriormente declarado inocente. Volvió a la marina mercante y se casó con Dolores Cabero y Núñez, con quien tuvo diez hijos.
En 1868, Grau fue reincorporado a la Armada como comandante del monitor Huáscar y ascendido a capitán de navío. Jugó un papel crucial en la defensa del orden constitucional durante la rebelión de los coroneles Gutiérrez en 1872. En 1873, al mando del Huáscar, patrulló el litoral peruano y boliviano ante la amenaza de un conflicto con Chile. En 1875, fue elegido diputado por la provincia de Paita y desempeñó labores parlamentarias hasta que la Guerra del Pacífico interrumpió su carrera política.
Con el estallido de la Guerra del Pacífico en 1879, Grau retomó el mando del Huáscar, manteniendo en jaque a la flota chilena durante cinco meses. Ganó el combate naval de Iquique, hundiendo a la corbeta Esmeralda y demostrando su nobleza al rescatar a los náufragos chilenos y enviar una carta a la viuda del comandante Arturo Prat. Sus incursiones y ataques sorpresivos mantuvieron la moral peruana en alto hasta su trágica muerte en el combate de Angamos el 8 de octubre de 1879, cuando una granada chilena destrozó su cuerpo.
Los restos de Grau, inicialmente enterrados en Santiago de Chile, fueron repatriados en 1890 y trasladados a la Cripta de los Héroes en 1908. En 1946, fue ascendido póstumamente al grado de almirante. Su legado perdura, no solo como héroe nacional, sino también como símbolo de valentía y honor en el Congreso de la República del Perú, donde mantiene una curul permanente.


