La provincia andina de Pataz, en la región La Libertad, convivió durante años con la minería informal, pero en 2025 la violencia criminal alcanzó niveles alarmantes. La Masacre de Pataz marcó un antes y un después en la percepción de inseguridad vinculada al oro ilegal. El hallazgo de trece personas asesinadas dentro de un socavón estremeció a la población y colocó a la provincia en el centro de la agenda nacional.
¿Cómo se originó la masacre en los socavones de Pataz?
La disputa por el control del oro generó enfrentamientos entre organizaciones criminales que operaban en zonas mineras de difícil acceso. El 28 de abril, familiares de trabajadores de seguridad denunciaron la pérdida de contacto con ellos, mientras crecían rumores de un secuestro múltiple. Cinco días después, la Policía Nacional del Perú confirmó el hallazgo de los cuerpos en una bocamina ubicada a más de 3 mil metros de altura.
¿Qué revelaron las investigaciones sobre las víctimas?
Las autoridades informaron que las trece víctimas sufrieron torturas antes de ser ejecutadas y posteriormente incineradas. El crimen evidenció un nivel de violencia extrema poco visto incluso en zonas dominadas por la minería ilegal. Los cuerpos fueron trasladados a la morgue de Trujillo, mientras los deudos exigieron justicia y mayor presencia del Estado.
¿Qué medidas tomó el Gobierno tras la masacre?
El 5 de mayo, la presidenta Dina Boluarte decretó el toque de queda en Pataz y suspendió toda actividad minera en la provincia. Las Fuerzas Armadas ingresaron a la zona como parte de una estrategia de control territorial. Estas decisiones buscaron frenar el avance de las mafias del oro y recuperar el orden interno.
¿Quiénes fueron señalados como responsables del crimen?
Las pesquisas identificaron a alias “Cuchillo” como presunto autor intelectual de la matanza. El implicado huyó del país, pero fue capturado en Colombia con apoyo de Interpol, mientras su abogada y pareja sentimental fue detenida en Trujillo. Días después, la policía capturó a ocho sujetos vinculados a la organización criminal, en un caso que reflejó la cruda realidad que aún enfrenta Pataz.


