Especialista señala que detrás de la violencia entre adolescentes hay historias de abandono, baja autoestima y hogares disfuncionales.
El reciente caso de un menor detenido por extorsionar a su compañero de clases en una institución educativa de Trujillo ha encendido las alarmas, no solo en la comunidad educativa, sino también en las familias y en la sociedad en general. Ante ello, en una entrevista con Sol TV, el psicólogo Arturo Nova analizó los factores emocionales y sociales que pueden llevar a un adolescente a convertirse en agresor.
Le especialista explica que el problema no nace de la noche a la mañana. Existen señales claras desde la niñez: bajo rendimiento escolar, agresividad, insensibilidad emocional, dificultad para socializar. Además, menciona que muchos de estos chicos han vivido violencia en casa o han sido abandonados emocionalmente por sus padres.
El caso que ha conmocionado a la región involucra a un menor de 17 años que presuntamente exigía S/ 1,000 a su compañero, también menor, bajo amenaza de muerte. Para Nova, hechos como este son la punta del iceberg de una problemática más profunda: niños emocionalmente heridos que reproducen la violencia que han vivido.
El psicólogo señala que uno de los motivos más comunes es la necesidad de reconocimiento dentro de un grupo.
Otro factor de riesgo es el consumo de sustancias ilícitas, como el tusi, una droga que ya ha sido identificada en algunos colegios. En varios casos, los menores buscan dinero para adquirir alcohol o drogas, lo que aumenta su vulnerabilidad y su vínculo con bandas delictivas.
Ante este problema, Nova advierte que la solución empieza desde casa. Según el psicólogo, lo primero que se necesita es fortalecer el vínculo emocional en la familia. Si hay gritos, golpes o abandono, el niño se enfría emocionalmente. Además, señala que es crucial que los padres se formen y busquen orientación si detectan señales de alerta.
Entre las señales que no deben ignorarse están, bajo rendimiento académico constante, resistencia a ser supervisado o revisado por los padres, dificultad para trabajar en grupo o socializar, cambios repentinos de conducta o aislamiento, y presencia de nuevas amistades con actitudes agresivas o problemáticas.
Además, si el adolescente ya está en contacto con grupos negativos, el especialista sugiere incluso cambiarlo de entorno educativo para romper esos vínculos antes de que se fortalezcan.
Nova también recordó, que estos menores no solo son victimarios, sino también víctimas de una cadena de carencias y desprotección.

